Los dos hermanos
Este relato mítico, ambientado en ese «Tiempo Distante», nos habla de
dos hermanos que vivían con su madre y padre. Eran dos muchachos jóvenes
que siempre vagaban juntos de un sitio a otro. Un día los muchachos
andaban entre los árboles cuando descubrieron un nido de pájaros conocidos
como «ladrones de campo». El muchacho más joven dijo a su hermano que
esos pájaros siempre robaban cosas de los poblados y que con un palo
afilado iba a matar a los polluelos. Así lo hizo. Subiéndose al árbol
y, aprovechando que los polluelos tenían los picos abiertos, empujó
el afilado palo hasta el fondo de sus gargantas, y los mató. Finalmente,
quedó sólo un pajarito y el hermano mayor obligó al muchacho más joven
a dejarlo con vida, salvando un pájaro.
Cierto invierno, cuando los muchachos iban de excursión descubrieron
un conejo y empezaron a perseguirlo. Los hermanos se separaron y se
perdieron. Entonces, los animales ayudaron a los hermanos a sobrevivir;
les alojaron en sus casas y madrigueras, donde los muchachos fueron
alimentados y resguardados del frío. Llegó el momento de que los hermanos
se marchasen y los animales les pidieron que cuando se fuesen anduviesen
un buen trecho antes de volver la vista atrás. Obedientes, así lo hicieron
y tras caminar un rato, miraron hacia atrás; entonces vieron una casa
de castor con dos castores que nadaban alrededor.
Ambos hermanos regresaron a su casa y cultivaron una vejez placentera
y tranquila. Finalmente el hermano más viejo murió, seguido estrechamente
de su hermano menor. Al llegar al otro mundo, el más joven vio inmediatamente
a su hermano andar hacia él. Rápidamente, pudo ver que su hermano tenía
un corte en el labio y notó que él también tenía un corte similar. El
hermano mayor le explicó que aquel corte era el castigo que merecían
por haber matado a aquellos pájaros sin sentido. Ambos hermanos se preguntaron
a dónde debían ir. Tenían gustos diferentes; mientras que al más viejo
le gustaba la tierra, el más joven prefería tener su casa en el océano.
Entonces decidieron separarse, yendo cada uno al lugar donde más le
gustase para vivir. Así, el hermano más viejo se hizo una liebre, mientras
que más joven una foca.
En esta leyenda vemos cómo dos hombres se transforman en animales después
de su muerte. La muerte, como hemos señalado en el punto anterior, no
es vista por el pueblo inuit como una tragedia, sino que es el final
de una fase y el paso a otra. Este relato es un buen ejemplo de esta
concepción sobre la muerte. De hecho la gente inuit está de algún modo
concienciada para no tomarse la vida demasiado trágicamente, sino para
adoptar una actitud más abierta, para saber reírse de sí mismos y para
disfrutar de los triunfos de la vida. La risa y las bromas son una parte
necesaria de vida. No importa lo seria que sea una ceremonia, allí bromearán
y se reirán, mientras cantan y bailan.

El
origen de las montañas
Cuando el inuit siguió por vez primera al caribú hacia una tierra nueva,
después de muchas estaciones, encontraron la tierra habitada. En esta
tierra vivían dos tipos de gente; por un lado, la gente pequeña, que
era alegre y que al cogerles podían cantar. Eran tan pequeños que cabían
en la palma de la mano.
Por otro lado, estaban los temibles Tuniqs, que, a veces llegaban a
tener 4 y 5 veces el tamaño de un inuit. A este grupo de gigantes les
gustaba la guerra y trataban de capturar a los inuit, para cocinarlos
y comerlos. Sin embargo, los inuit eran más listos y podían emplear
su cerebro para hacerles frente.
Un día un cazador volvía a su poblado de una caza fructífera cuando
fue visto por un gigante. El inuit sabía que si era atrapado por el
gigante, se convertiría en su comida. El esquimal dejó caer su caribú
y escapó hacia el sur, tan rápido como pudo. El tuniq le vió y corrió
tras él.
Oyendo la conmoción, otro gigante miró alrededor y vió al cazador correr
y él también comenzó a perseguirlo. El inuit era ágil y veloz, pero
no lo suficiente como para esquivar a dos gigantes, de manera que viéndose
atrapado, se detuvo y, girándose, preguntó a los gigantes: « ¿Por qué
me perseguís?». A lo cual cada gigante respondió: «Porque quiero que
entres en mi cacerola para comerte».
El inuit más listo que los tuniqs se mostró sorprendido y contestó:
«Soy sólo un esquimal endeble con poca carne y ustedes son dos enormes
Tuniqs; sólo puedo servir de alimento a uno, ¿quien de los dos me comerá?».
Esto dejó perplejo a los Tuniqs, cada uno se autoproclamaba como vencedor,
cada uno se atribuía el mérito de haber visto primero al inuit y se
consideraba con derecho a comérselo. Finalmente, el inteligente inuit
propuso una solución: «Como ambos me vieron, y sólo puedo alimentar
a uno de ustedes, deben luchar entre los dos y yo mismo saltaré dentro
de la cazuela del vencedor».
Entonces tuvo lugar una de las peleas más impresionantes y más conocidas
de la historia; los gigantes empezaron a luchar, lucharon durante varios
días y varias noches, arrojándose de golpe al suelo, ya que ellos tenían
la fuerza poderosa. Con cada golpe, la tierra se moldeaba, inclinándose
y levantándose; así aparecieron valles y colinas. Pero los gigantes
lucharon y lucharon, hasta que quedaron agotados y cesaron en su pelea.
Entonces el inteligente inuit, disparó a los exhaustos gigantes con
sus pequeñas flechas, volvió a recuperar su caribú y regresó con su
familia para darles de comer. Detrás de él quedaron los grandes montones
de tierra, huella de la encarnizada lucha de los dos gigantes.
El
origen de la niebla
Cuando la tierra era joven, los tuniqs y los inuits vivían en la Tierra,
pero eran enemigos. Un día, un cazador fue a pescar para calmar el hambre
de su familia; pero no consiguió nada en todo el día. El cazador miró
en todas direcciones, pero no vió ninguna presa.
Finalmente, vió a un hombre en la lejanía, y a medida que se acercaba
a él, la figura se volvía más grande; se trataba de un Tuniq. Viendo
al gigante, el cazador comprendió que su vida estaba en peligro, y para
evitar una muerte segura, el cazador se tumbó en el suelo y se hizo
el muerto.
El gigante alcanzó pronto al cazador y miró hacia el esquimal endeble,
levantándolo para ver si respiraba; pero el cazador sostuvo su aliento.
«Está muerto», pensó el gigante y agarró al cazador llevándolo hasta
su casa. El hombre seguía fingiendo estar muerto.
A lo largo del camino, a medida que el gigante andaba de vuelta a casa,
el inteligente cazador iba sujetando y agarrando árboles y arbustos,
de manera que, sin darse cuenta, el gigante estaba arrastrando una gran
cantidad de peso y, cuando llegó a su casa, estaba exhausto.
El gigante dejó al cazador, al que creía muerto, en un rincón de la
mesa, para comérselo más tarde; y como se sentía tan agotado, tuvo que
tumbarse a descansar.
Finalmente el gigante se quedó dormido y el cazador cogió el hacha del
gigante y se liberó. Empezó a huir, siguiendo sus propios pasos hacia
atrás. Pero la esposa del gigante, que estaba juntando madera para cocinar
al cazador, lo vió intentando escapar y comenzó a perseguirlo.
La esposa rápidamente iba a alcanzar al cazador, entonces éste hizo
un corte profundo en la Tierra y un río brotó con fuerza delante de
él. La esposa del gigante, se detuvo al ver aquel río ante ella y entonces
miró al inuit y le preguntó: «¿Cómo pudiste atravesar este río?».
El inteligente cazador respondió: «Me bebí el agua».
Afanosa, la mujer del gigante comenzó a beber y beber más agua. Cuanto
más bebía, más se hinchaba y más crecía, pero ella seguía bebiendo agua,
porque el río no se agotaba. Bebió y bebió hasta que explotó con todo
el agua dentro. Con el viento las gotitas de agua fueron esparcidas
por el aire y así es cómo se formó la niebla. El inuit esperó a que
se disipase aquella niebla recién originada y finalmente pudo escapar
del lugar y regresar con su familia sano y salvo
¿Por qué no hay árboles?
En la mitología inuit ningún chamán es tan conocido como Kiviok, que
ofrecía a los espíritus su luz y calor, por lo cual fue dotado con poderes
especiales. Con estos dones se convirtió en el chamán más poderoso y
vivió muchas aventuras a medida que viajaba por la Tierra.
Cierto día, en uno de sus viajes, Kiviok encontró un lago por casualidad
y como la noche se acercaba, decidió levantar su campamento. Viendo
como el hielo se formaría sobre el agua, Kiviok decidió hacer un gran
fuego, para lo cual sacó su gran hacha y comenzó a cortar árboles como
combustible.
Mientras Kiviok cortaba árbol tras árbol, una viruta de madera cayó
al agua y un pez nació. El pescado mirando Kiviok, se burló de él, pero
Kiviok no le prestaba mucha atención.
Kiviok intentaba no hacer caso al pez, pero a medida que las virutas
de madera caían en el agua, éstas se convertían en pescados, y más y
más peces se burlaban de él.
Finalmente, los peces acabaron con la
paciencia de Kiviok y este poderoso chamán enfureció y comenzó a cortar
todo. Tal cantidad de virutas y trozos saltaban por los aires que parecía
de noche, aún siendo de día de; cada viruta que caía en el lago, se
convertía en un pez. Cada árbol diferente, cortado por Kiviok, produjo
un tipo de pez diferente, desde la trucha al salmón. Kiviok siguió cortando
y cortando, hasta que finalmente disminuyó su rabia, y alzó la vista.
Al mirar a su alrededor, Kiviok se dió cuenta de que ya no quedaba ningún
árbol. En contra partida, los lagos y los mares estaban repletos de
peces.
El
origen de la perdiz blanca
Hace mucho tiempo, cuando la tierra era joven y los seres podían cambiar
de forma, había una vieja mujer que era conocida como una gran bromista.
En cualquier ocasión, en cuanto tenía oportunidad, la anciana gastaba
bromas a todo el mundo, más para el pesar de la gente que para su entretenimiento.
Un día, la anciana mujer decidió gastar una broma a un pequeño grupo
de niños que se divertían, ensimismados en sus juegos. La bromista se
arrastró silenciosamente hasta colocarse detrás de los niños y de repente
aplaudió tan fuerte como pudo. Los niños se asustaron más allá de lo
que la bromista esperaba. Inmediatamente, los niños se convirtieron
en perdices blancas y echaron a volar. Como eran sólo niños, no sabían
la manera de volver atrás la transformación y recuperar su forma humana;
y así es cómo surgió la raza de la perdiz blanca.
El
origen de los mosquitos
Érase una vez, un poblado inuit que tuvo que pasar tiempos difíciles.
Debido a esas duras circunstancias, no conocían ningún juego, ni tenían
peces para pescar, ni focas para cazar. Lentamente la gente iba desapareciendo,
sólo quedaban dos mujeres mayores.
Estas ancianas habían podido sobrevivir, comiendo los piojos que encontraban
la una en la otra. Cuando eventualmente, un grupo nuevo de inuits llegó
al poblado, encontraron todo muerto y abandonado, excepto las dos mujeres
viejas.
Sospechando que aquellas dos ancianas habían podido sobrevivir practicando
el canibalismo, los inuit recién llegados decidieron matar a las dos
ancianas inmediatamente. Además, les abrieron el estómago, para comprobar
la sospecha. Sin embargo, en su estómago abierto, sólo podían verse
pequeños piojos. Estos piojos asustados desarrollaron alas y salieron
volando. Así es cómo, según la mitología inuit, aparecieron los mosquitos.
El
origen del cuervo
Una
vez, dos pájaros estaban juntos y decidieron convertirse en las aves
más hermosas del mundo, más bonitas que ningún otro pájaro. Para ello,
decidieron que tenían que tatuarse el uno al otro, creando diseños y
dibujos sobre su cuerpo que serían la envidia de todos los pájaros.
Así, un pájaro comenzó a pintar al otro; sin embargo, el pájaro que
estaba siendo pintado no podía estarse quieto. Después de regañar en
repetidas ocasiones a su compañero, éste seguía moviéndose. Finalmente,
la paciencia del pájaro que pintaba a su compañero, se agotó y el pintor
derramó todo el color negro sobre el pájaro. De esta manera, apareció
el primer cuervo.
¿Por
qué el caribú es como es?
Tiempo atrás, cuando los animales y hombres podían cambiar de forma
y todos hablaban una lengua, un espíritu vino y tomó a una mujer humana
como esposa. El espíritu vivió entre la gente, pero no cazaba para alimentarse,
ya que él no necesita ningún alimento.
Otros cazadores trabajan muy duro con tal de conseguir los materiales
necesarios para que sus familias pudiesen sobrevivir y poco a poco empezaron
a enfadase con aquel, que viviendo entre ellos, no cazaba ni salía en
busca de sustento. Los cazadores airados se dirigieron al nuevo vecino
y le dijeron que si no buscaba víveres, sería expulsado del poblado.
Con ira, el espíritu abandonó el poblado y después de caminar varias
millas, perforó un agujero en la tierra, dentro del cual cayó un caribú.
Rápidamente, el espíritu mató al animal atrapado, tras lo cual tapó
aquel agujero y regresó al campamento.
Cuando
llegó al poblado dijo a los cazadores: «¡He aquí este animal!, que sirve
de alimento y, por lo tanto yo también soy un cazador».
Al
día siguiente el espíritu salió nuevamente a cazar, pero esta vez otro
cazador del poblado le siguió a escondidas. Cuando el espíritu se alejó
lo bastante del poblado, volvió a cavar un agujero en el suelo, y, otra
vez, un caribú saltó dentro de la trampa. De nuevo, el espíritu lo mató
y cubrió el agujero. Sin embargo, el espíritu no sabía que alguien le
observaba.
Después
de que el espíritu abandonase el lugar, el hombre corrió hacia el agujero
y lo destapó, de nuevo otro caribú saltó dentro del agujero asustando
al hombre, que corrió despavorido, dejando el agujero destapado, de
forma que cualquier caribú que cayese, podía volver a escapar.
El espíritu al verlos, corrió hacia los animales que huían y les dió
patadas en la cabeza, aplanando sus frentes y dijo al caribú: «De ahora
en adelante, vosotros siempre deberéis vagar por la tierra y siempre
temeréis al ser humano».
Esta
leyenda explica porqué el caribú es como es; por qué tiene la cabeza
plana, por qué su color es el de la tierra y porqué se asusta del hombre,
ya que este animal siempre recuerda a un hombre que un día les dio patadas.
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