'La casa como metafora del cuerpo' Ricardo Forriols 2008

 

Con Entreparedes regresa Deva Sand (Estrasburgo, 1968) al panorama expositivo después de haber participado en una colectivaen el Komagane Kogen Art Museum de Tokyo, a finales del año pasado, y de su anterior individual, La chambre de ma Grand-Mère, en la galería Tomás March (2006).
Si en aquella ocasión transformaba el espacio de la galería en una suerte de habitación melancólica a partir del recuerdo familiar y a través del mobiliario, ahora la escultora amplia miras e insiste en una de las constantes en su trabajo reciente: la realidad y la ilusión de la casa como metáfora del cuerpo.

Además, hay que apuntar dos cuestiones al respecto.


La primera es que construye esa casa metafórica en forma de autorretrato, desplegando las obras en relación a una serie de conceptos (pájaro, casa, vida, ilusión, cuerpo, realidad, nido, mente, jaula, luz) que portan vivencias, emociones y sentimientos.

 

La segunda cuestión hace referencia a la introducción de la figura humana los habitantesde la casa como novedad, bien en el modelado de una cabeza enmascarada que vigila desde lo alto, con los ojos cerrados, proyectando su sombra nariguda; bien en las fotografías en las que la propia artista, ataviada con la misma máscara de pájaro, dibuja con la luz el contorno ancestral de una casa.


Otra de las constantes en su trabajo, vinculado al arte povera, al montaje y a la idea de un «barroco minimal», es el reciclado de materiales encontrados, industriales o domésticos, de manera que esta nueva casa surge de las cenizas de otras casas. Así, buscando las paredes, las mismas que cierran y limitan el espacio, Deva Sand ha amueblado y hecho habitable esta casa que nos recibe con una puerta, toda negra, detrás de la cual hay dibujada sobre la pared la ilusión de un interior o un paisaje que nos lleva a otro lugar, a otra casa.

 

Dentro ya, siempre sobre la pared, descubrimos a cada paso hallazgos poéticos como la jaula que contiene una luz interior a modo de galaxia o la consola de un recibidor apoyada en equilibrio sobre la bola roja del mundo. También aparecen visiones más prácticas como el ensamblaje de uno de sus cuadros confeccionados con telas estampadas, apoyado sobre una silla con libros, desde el que luce una lámpara haciendo más acogedora la estancia; el cabezal de la cama que completa y proyecta sus mástiles, de nuevo, en el dibujo esquemático de la pared; o, quizás la pieza más contundente, siguiendo estrategias similares a las de Robert Rauschenberg y Tom Wesselmann, la reconstrucción de un baño combinando distintos fragmentos de mobiliario de madera, planchas, azulejos, tubos fluorescentes y el dibujo en la pared.

Al salir, meditando sobre el espacio, lo visible y lo invisible, de nuevo la idea de la jaula deconstruida en unas madejas de alambres enrollados y colgados dibujando un agujero negro en la pared, un nido de sombra proyectada que pone en relación la sensación de profundidad en las intervenciones de Anish Kapoor con el biomorfismo de los cuadros de Toño Barreiro.

Así son nuestras casas según Deva Sand: una suerte de jaula para los pájaros de la mente.