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Alsaciana e hija de artista, Deva Sand vive y trabaja en Valencia desde hace 20 años. Sin ningún padrino ganó una beca de la Fundación Cañada Blanch para exponer en el Club Levante, y a raíz de aquel éxito se ha ido convirtiendo en una artista de referencia en la ciudad. Sabe aglutinar a los artistas en torno a su figura y amistad, y ha decidido sumar a su actividad la gestión de un centro de terapias alternativas. Sand es la escultora del reciclaje y el ensamblaje, a través de una visión que ella define como barroco minimalista. ¿Y desde cuándo quiere ser escultura profesional?... ¿y por qué en y desde Valencia? Decidí empezar la escuela de Bellas Artes en Estrasburgo teniendo muy claro que mi camino iba a ser el mismo que el de mis padres, ser artista en mi familia era algo muy normal, el abuelo también lo era. Cuando acabé la escuela pensé que lo mejor para poder expresarme libremente era estar lejos del núcleo familiar, ya que empezaba a notar el peso de “ser la hija de...” con lo cual busqué otra escuela en otro país, contemplando muchos aspectos: El primero fue tener el mar cerca, sol todo el año y unos buenos profesores. Tuve la suerte de encontrar en Valencia todos esos requisitos, en especial el apoyo de Enrique Mestre en la escuela de Artes y Oficios, que fue una figura relevante en mi carrera artística así como todos los que tuve la oportunidad de conocer en la facultad de Bellas Artes, en donde afiné mucho mi formación artística. Valencia es, para mi modo de ser, la ciudad perfecta. Tenemos muchos y muy buenos artistas en todos los ámbitos, ya sea en diseño, pintura, escultura, fotografía... es un lugar idóneo para vivir y trabajar, ya que estás continuamente rodeado de gente competente, artistas comprometidos... y todo esto en un entorno agradable. ¿Qué más se puede pedir?
Sigue fiel al trabajo de ensamblaje: recoge materiales usados, a veces en contenedores, y los reorganiza dándoles nuevo sentido...
Hay tantas cosas ya hechas, por qué no hacer algo con ellas en vez de producir aún más. Disfruto mucho rescatando muebles de los contenedores o cuando me tropiezo con un objeto empolvado en los derribos Mateo. Ahora ha vuelto a tener mucha presencia en su obra el color así como la pulcritud de los acabados, lo cual crea como una fuerte tensión entre materiales de desecho y acabados casi pulimentados. El hecho de reciclar esas piezas que ya tienen su historia es como sacarles de nuevo su brillo, darles otra luz, otra alma.
¿El rescate de telas y papeles pintados tiene que ver con la recuperación de la memoria?
He crecido entre telas, papeles, y muebles Luis XV y XVI. Mi abuelo era ebanista y recuerdo haber realizado mis pinitos en su fábrica construyendo ¡un conejo azul con forma de balancín! Esas viviencias no se borran con el tiempo; la influencia barroca ha estado presente en mi infancia y lo sigue estando ahora. En la exposición “La Chambre de ma Grand-Mère” (La habitación de mi abuela, en Tomás March en el 2006) estaba claro que hice un homenaje a mi familia por su legado.
Hay como un marcado énfasis sobre lo doméstico en su obra. Encuentro en lo doméstico una forma cercana de plantear dudas al espectador, porque ya conoce este objeto, le es muy visto pero ha cambiado de lugar, de forma y de color. Aún así le resulta familiar, con lo cual se establece fácilmente un hilo conductor entre lo que conoce y lo que le planteo.
Cuéntenos de su faceta como empresaria de ciencias alternativa. Hace cinco años creé una plataforma cultural, el centro Calima, en donde se celebran talleres para el desarollo y el crecimiento humano. Realizamos encuentros de yoga, meditación, chi gung, psicología gestalt, coaching y cursos de cocina vegetariana entre otros. Pienso que, hoy en día, las terapias alternativas son las nuevas vías de desarollo, tanto espiritual como físico. Estamos pasando por una etapa de grandes cambios, y el nuevo planteamiento es cómo lograr el bienestar dentro de un marco más ecológico y menos consumista. Por lo tanto es necesario preguntarnos si nuestra manera de pensar hasta ahora ha sido la adecuada y si nuestra forma de actuar es la correcta. Cambiar y crecer significa en primer lugar tomar conciencia.
Dígame qué artistas locales y cosmopolitas le interesan ahora.
Como le dije antes, tengo en Valencia la suerte de poder estar en contacto con un núcleo de artistas internacionales muy interesantes, como por ejemplo Geles Mitt, cuyo trabajo fotográfico es realmente considerable; Toño Barreiro, pintor-escultor, fotógrafo y destacable escritor; Sergio Barrera, también pintor renombrado; Chema López ya más conocido que nadie; José Saborit, pintor y poeta de prestigio; Monique Bastiaans, una figura relevante en el ambito del land art y de las esculturas públicas; Cuqui Guillén, la clase misma en sus pinturas post Pop; Salvador Martí un estupendo y curioso ceramista; Adrián Momparler, Mery Sales, Oliver Jonson y su mujer Inma Liñana; Mavi Escamilla, María Ortega, el vanguardista equipo llamado “El bandolero Lacabra”, Moisés Mañas, Nico Munuera, Rafael de Luis, Boke Bazan, Lorena Amorós, José Morea, la poetisa y pintora “Enferocarulo”, Óscar Mora y tantos más… Puedo decir que somos un verdadero grupo de artistas, ya que a menudo nos reunimos todos para realizar tertulias y viajes culturales. Valencia es la vanguardia del arte español, o así la disfruto.
Señáleme tres escultores del siglo XXI... Si tengo que elegir a tres empezaría por Anish Kapoor, Olafur Eliasson y Toni Cragg.
Y un fotógrafo. Tendrán que ser dos, José María Mellado y Geles Mitt.
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